21 de octubre de 2016

Por un nuevo régimen de evaluación de la producción científica en Chile

Hace poco más de una semana, en un descriptivo y bien escrito artículo aparecido en el diario La Tercera, la autora (Tania Opazo), traía a colación no pocos tópicos de juicio y valoración que frecuentemente escuchamos en el medio académico nacional (y externo) al momento de referirnos a las circunstancias que rodean la publicación de artículos científicos o papers.

Como bien indica Opazo, la posibilidad de ser aceptado en revistas o journals, entraña para los investigadores/as numerosas consecuencias altamente consideradas, como, por ejemplo, responder a la expectativa de producción y aporte de nuevos conocimientos que se espera de todo capital humano que, por vía privada (familiar) y/o pública, se ha formado para ello. Con mayor razón, si los recursos para la formación en postgrado y el inicio y desarrollo de proyectos de investigación han provenido de mecanismos y fondos estatales, se asume que el compromiso de respuesta, traducido en diversos productos científicos (patentes, artículos, libros, bases de datos, software, etc.), debería ser aún mayor, posibilitándose que se ponga en marcha –o se incremente- el proceso que justificaría toda la inversión y esfuerzo previos: el de la necesaria comunicabilidad de tales resultados a fin de que su esparcimiento, uso, aplicación, reproductibilidad, corrección y superación, contribuyan a lo que se supone debe ser un virtuoso y constante movimiento del saber y la creación humanas.

Pero como junto con el deseo y las buenas intenciones señaladas pareciera que siempre nos las arreglamos para mortificar nuestro paso por las ciencias, resulta que los modos y prácticas de difusión de textos y datos que hasta el momento empleamos, favorecen no su diseminación amplia y vigorosa, si no su estrechez y distanciamiento público; no su reconocimiento por vías diversas, si no su alienación e insignificancia, con el agravante de que entre la comunidad académica y, en especial, en los propios investigadores que acceden a los recursos financieros para su labor, la disonancia sirve más para la queja interesada que para la acción y el cambio.

En efecto, las críticas y disgustos que abundan en el reportaje de T. Opazo respecto de las exigencias del sistema universitario y científico chilenos para publicar papers en bases de indexación de “corriente principal”, como son WoS y Scopus, primordialmente –con los consecuentes “repudios” a las isificaciones, los rankings, los índices de impacto, los “estímulos” en dinero por artículos puestos en esas bases, etc.- si bien se sustentan en cuestiones efectivas, ocultan o dejan sin atender lo que correspondería provocar para que esas quejas superen el estadio del individualismo que las afecta. No proceder a las iniciativas de cambios implicaría: 1. Que el régimen de evaluación y reconocimiento curricular de resultados existente es el correcto; 2. Que el régimen de evaluación es, en esencia, inmodificable y no se puede esperar ningún cambio de fondo; 3. Que, después de todo y a pesar de los alegatos, el sistema aludido nos gusta porque satisface nuestros intereses.

Al margen de que tomar por ciertas -parcial o totalmente- cada una de las premisas apuntadas nos colocaría en algún punto del cruce entre el cinismo y la ausencia de afán crítico –asunto que dejamos a la conciencia de cada cual- nos asiste la intención prometeica de postular que sí existe un amplio margen para dar con un nuevo marco de exigencias para la publicación y evaluación de resultados, propiciándose un mejor reconocimiento y despliegue de la carrera académica, así como criterios más circunstanciados y actualizados en los momentos de postulación a becas, fondos y concursos.

Esquemáticamente, algunos de pasos a explorar por nuestro medio científico y universitario, podrían ser los siguientes:

  • Que, junto a los anhelados WoS, Scopus o Scielo, se incorporen explícitamente a los trabajos de evaluaciones y puntuaciones, otras bases e índices de indexación de artículos y libros, tales como RedALyC, DOAJ, Dialnet, Biblat, Revues.org, Copernicus, Redib, Open Edition Books, BOAJ, Open Monograph Press, etc. Obviamente, la inclusión de estos otros recursos debería darse otorgándoles valoraciones y puntajes si bien no iguales a las plataformas top, al menos con diferencias no tan discriminatorias como las que hoy se expresan, por ejemplo, en los criterios FONDECYT, donde aún Scielo es minusvalorada en beneficio de WoS o Scopus.
  • Adoptar criterios de medición e impacto de productos y autores más allá de los índices de impacto WoS y Scimago, propiciándose las opciones alter-métricas, según Manifiesto de Leiden http://www.nature.com/news/bibliometrics-the-leiden-manifesto-for-research-metrics-1.17351) A este respecto, relevante sería considerar datos de uso que podrían proporcionar el repositorio CONICYT, la agencia Orcid; o los gestores ResearchGate, Academia.edu, Mendeley, otros
  • Definir una especie de norma nacional para la condición de autor/res principales, coautores, autores secundarios y otros colaboradores en la producción de textos y demás resultados. Los antecedentes sobre ello apuntan a la coexistencia de modalidades múltiples y arbitrarias, que afectan la dignidad de las y los investigadores. Alentar las autorías múltiples, variadas y, en lo posible, de más de un país.
  • Admitir en los criterios de evaluación las publicaciones con licencias copyleft (creative commons y otras)
  • Favorecer las publicaciones en acceso abierto (Open Access) irrestricto, en particular si ellas provienen de investigaciones financiadas con recursos públicos.
  • Estudiar la ponderación de la apertura de datos (datasets) y su depósito en repositorios, como componente de los productos a evaluar.
  • Acoger, en igualdad de condiciones, a las publicaciones pre y post-print alojadas en repositorios institucionales, temáticos, públicos, nacionales e internacionales
  • Discutir un derrotero de acreditación (sello de calidad) para las editoriales académicas chilenas, sean o no universitarias. Existen experiencias y resultados externos (Brasil, Colombia, México) que podrían ayudar a nuestro propio trabajo.
  • Llevar a cabo encuentros de opinión sobre estos y otros asuntos de comunicación científica y su evaluación, con especialistas nacionales y extranjeros. Se trata de que las instancias concernidas: editores, académicos, FONDECYT, CNA, Agencias privadas, etc., arriben a una agenda para las adecuaciones y cambios.

Autor: Manuel Loyola, Editor Académico / IDEA, USACH
Emai: <manuel.loyola@usach.cl>
Twitter: <@clioestudios>
Fuente: <http://www.elmostrador.cl/>
Publicar un comentario