13 de octubre de 2016

Cinco mitos falsos sobre los metadatos en el sector editorial

Hace unos años decidí dejar de ganar mucho dinero con el trabajo que hacía para empezar a trabajar en algo que me gustara mucho. Ese algo que me gustaba era el sector del libro. Era un sector con una necesidad de una transformación profunda y pensé que podría poner mi granito de arena aplicando lo aprendido a mi paso por algunas empresas “teckies”. Esto fue hace tres años, en pleno “boom” del libro electrónico, cuando algún editor llegó a dibujarme sobre una servilleta la siguiente previsión de ventas (¡ah, esas servilletas!).
Hoy esta previsión además de ser inocente provoca una sonrisa, pero para mí resume muy bien el estado de desconcierto en que se encontraban las editoriales en España hace cuatro años, cuando desembarcó Amazon y los medios de comunicación auguraban el fin del papel y, de paso, del mundo día sí y día también.
El libro electrónicos y los metadatos se presentaban entonces como la solución de todos los problemas. Aún hoy, en cualquier evento donde haya más de un editor se escucha eso de “developers, developers, developers” pero en versión “metadata, metadata, metadata”. “Si tienes bien tus metadatos, vas a vender más”. ¿Y qué son los metadatos? Wikipedia dice esto. Sería el título del libro, los autores, la edición, el ilustrador, el revisor… A mí me gusta imaginármelos como si fueran las estanterías de una librería. Cuantos más metadatos incluyas en un fichero, en más repisas/escaparates y más a la vista estás poniendo tu libro. En teoría. A continuación desgloso cinco de los mitos que se me han ido cayendo por falsos cuando he tratado de poner esto en la práctica:

1. Los metadatos se hacen solos

Obviamente falso. Alguien tiene que picarlos. Lo he puesto por si las moscas. Especificar los metadatos de tu catálogo puede constituir una tarea bastante engorrosa. Has de tratar de normalizar las diferentes informaciones que dispones acerca de los títulos y es bastante increíble lo desnormalizadas que pueden llegar a estar las bases de datos de libros y autores, si es que tienes una base de datos de partida. La mayoría de las veces la información se encuentra fragmentada en distintos puntos de la vida departamental de tu empresa. El primer paso es unificarla. Y esto, que parece una nimiedad, en el caso de catálogos voluminosos o editoriales con antigüedad, puede constituir todo un trabajo por sí solo.

2. Los metadatos se hacen una sola vez

Aquí empieza la fiesta. Has recopilado los datos de libros y autores en tu editorial. Ahora sólo tienes que mantener las novedades y actualizar la disponibilidad, cosa que en lo digital se limita a mejorar una primera edición con una segunda. Pero un distribuidor OFFLINE te los pide de una forma y el editor de una revista del sector nicho en que trabajas de otra. No pasa nada. Cuando pintaste tu base de datos estabas ya pensando en peticiones diferentes, así que haces extracciones a medida para estas peticiones de distribuidores, o revistas, o públicos con los que tenías contraídos este compromiso. Estas extracciones son tareas repetidas y también consumen recursos, tu tiempo, pero no llegan a suponer un engorro tan grande como para pedir que te presupuesten un desarrollo técnico.

3. Si tú escribes los metadatos nadie más tiene por qué repetir la tarea

En una editorial pequeña-mediana no hay ningún software que controle la vida del libro desde que nace en la pantalla del autor hasta que se vende, se agota y se saca una siguiente edición. Esto quiere decir que los metadatos han de escribirse muchas veces: desde que se da el alta en el ISBN, hasta el envío a imprenta, dilve, la subida a la página web del objeto libro, el alta en el programa de gestión de facturas y clientes, alta en catálogo, altas en plataformas de distribución digital con políticas de precios, territorios y modelos de venta diferentes, etc. Intervienen muchos agentes en este proceso y cada uno de ellos precisan datos muy diferentes e incluyen en todo este proceso sus propios identificadores únicos. Incluso las editoriales grandes que tienen algunos procesos más o menos integrados, dedican personas a preservar la coherencia de estos procesos. Hay gente que vive atrapada en procesos de importación de bases de datos.

4. Si tus metadatos están completos, el resto de los agentes en la cadena del libro los pondrá bien

No. O no siempre. Una de las cosas que cuesta aceptar es, después de lo que te ha costado depurar tus datos, verlos incompletos o erróneos en la página de un tercero. Sucede a menudo y por motivos variopintos. Valga un ejemplo: en España, algunas librerías toman los datos de altas de ISBN, cuando aún no se han completado y luego no realizan actualizaciones puntuales con dilve.

5. Si tu ePub tiene metadatos completos y correctos, las plataformas de distribución digital serán capaces de leerlos

Este es el mito más doloroso de todos. Dentro de tu idealismo has invertido en que los ePubs de la editorial estén bien hechos (has ido más allá de exportar un indesign a ePub) y los metadatos sean lo más completos y estén bien incluidos dentro del fichero. Esperas que ahora el resto haga su parte y que las plataformas de distribución digital existentes en el mercado actual puedan leer estos metadatos, por eso de no tener que “picarlos” de nuevo. Falso. Ninguna de ellas reconoce los metadatos incluidos en los ePubs. Todas te piden que se los vuelvas a “picar” en un campo o que las subas en lote en un CSV, un XML, en ONIX, o en lo que toque. Cada una de las plataformas tiene su propio sistema, a cual peor, de subida de ficheros, nomenclaturas, codificaciones imposibles… No se salva nadie. De repente te ves incluyendo los “asin” de Amazon, los id de Google Books, los índices de precios para mil países, los descuentos, los precios por préstamos para la distribución digital a bibliotecas o las… Es literalmente un infierno para el que no existe aún una solución clara en el sector editorial. Y el sistema de reportes posterior también es tremendo. Al final, para distribuir bien tus títulos y optimizar su venta en estas plataformas se requeriría una persona a tiempo completo.

En definitiva, los metadatos no son algo automático. No hay ningún duende de los metadatos: requieren tiempo y/o recursos. Curiosamente, este trabajo siempre recae en el lado de las editoriales. Y lo aclaro con una petición a otros agentes, particularmente a las plataformas de distribución digital. Las animo a –por el sano juicio de pequeñas y medianas editoriales — acuerden un estándar para los metadatos o, por lo menos, se tomen la molestia de invertir en leer los metadatos de los ePub que tanto nos cuesta a los editores hacer bien. Es una idea. Como otra cualquiera.

Autor: Amanda Guglieri
Twitter: <@amandaguglieri>
Fuente: <https://medium.com/>
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