3 de agosto de 2016

El saber no tiene precio: sobre el acceso libre al conocimiento

Es un adolescente que descubrió
un test para detectar el cáncer
de páncreas.
Con menos de 15 años de vida, el movimiento por el acceso abierto al conocimiento está revolucionando la forma tradicional de difundir la ciencia. El planteo es simple: las investigaciones pagadas con fondos públicos deben estar disponibles en Internet.

Jack Andraka, un adolescente estadounidense que descubrió en 2012 un test más eficaz y barato para detectar el cáncer páncreas, representa el ejemplo perfecto del conocimiento abierto. Su hallazgo no hubiera tenido chances de producirse sin la bibliografía científica gratuita que googleó en la web. Con un precio promedio de 30 dólares (450 pesos) por artículo en el sistema pago –y un trabajo de este tipo requiere la consulta de varios- Jack no habría avanzado mucho.

La movida se inició a principios del año 2000 en países de Europa y Estados Unidos, como respuesta al aumento en los precios de las revistas científicas internacionales. América Latina se sumó al poco tiempo y dio pasos acelerados hacia el acceso abierto.

Se calcula que existen cinco mil publicaciones científicas periódicas en la región y la mayoría utiliza  este modelo. Las estimaciones más optimistas sostienen que entre el 80 y el 90 por ciento de la información científica –no sólo la que llega a las revistas- circula  por este vía. Las más conservadoras hablan de un 51 por ciento.

El auge en Latinoamérica obedeció a varios factores, entre los que se cuentan el apoyo de universidades públicas e investigadores, el consenso académico sobre el conocimiento como bien público y el desarrollo de las tecnologías de la información. También insidió una menor presencia de las editoriales internacionales del rubro, al menos si se compara con lo que sucede en los países desarrollados, donde concentran más del 50 por ciento de la publicación científica.

"Estas iniciativas apuntan a que las investigaciones financiadas con fondos públicos estén disponibles libremente en Internet, para que los ciudadanos, que con sus impuestos pagan la actividad científica, tengan acceso a sus resultados", explica Dominique Babini, a cargo del Área de Acceso Abierto del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), una red que integran 481 instituciones.

En la región dos tercios de la investigación se solventan con aportes estatales, según estima Clacso. Con el sistema abierto y gratuito "la producción de nuevos conocimientos se acelera, porque la investigación se beneficia con la información libre en la web", dice Babini. La edición de libros académicos avanzó bastante en los últimos años, impulsada por circulación electrónica, que posibilitó una marcada baja en los gastos de distribución.

Hoy coexisten en la web dos modelos de acceso abierto al conocimiento: por una parte, los portales de revistas y publicaciones científicas. Por otra parte, los llamados repositorios institucionales, que reúnen una amplia gama de documentos digitales, como artículos, tesis e informes, entre otros. Los repositorios pertenecen a universidades, instituciones científicas u organismos públicos como ministerios o secretarías de ciencia.

¿Cómo hacemos con la sobreabundancia de información?

Frente de sobreabundancia de información que caracteriza a Internet, estas plataformas ofrecen un valor adicional que el lector puede agradecer: el material que publican debió pasar antes por un proceso revisión y validación –habitualmente a cargo de otros investigadores-  que garantizan un piso de rigor científico.

Los portales de revistas como Latindex, SciELO y Redelayc se destacan por la calidad y la diversidad de temáticas que abarcan. También hay espacios enfocados a campos específicos, como el sitio web de Clacso y el repositorio de la Alianza de Servicio de Información Agropecuaria.

En esa línea, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) cuenta con un portal de revistas científicas, académicas y culturales, que hoy tiene 57 publicaciones en línea elaboradas por docentes e investigadores de sus diversas facultades y centros miembros.

La UNC es la segunda universidad en todo el continente, después de la de Harvard, con un área específica, la "Oficina Conocimiento Abierto", creada en 2014. Desde allí, se pretende concientizar sobre el tema, promover la producción de publicaciones científicas y capacitar a investigadores, editores, becarios, estudiantes de posgrado y bibliotecarios en el uso de programas de código abierto para gestionar estas plataformas, según apunta su directora Alejandra Nardi.

"Uno de los obstáculos del Acceso Abierto es que, en términos cualitativos, una parte importante de la producción científica se publica fuera de la región en revistas que no suelen ser de acceso abierto. Los sistemas de promoción de la investigación suelen dar mayores 'incentivos' para que los investigadores publiquen sus resultados en revistas internacionales, con mayor factor de impacto", señalan los especialistas Juan Pablo Alperin y Gustavo Fischman, en el libro Hecho en Latinoamérica (2015), que profundiza en la cuestión.

Con todo, Babini se pregunta: ¿Por qué no pensar que la historia del adolescente que descubrió el test para detectar cáncer de páncreas puede repetirse? "Alguien puede decir que es un caso de Estados Unidos. Pero si lo traemos a la realidad latinoamericana, está demostrado que el 25 por ciento de los contenidos de los portales SciELO y  Redalyc  son usados por gente que está fuera del ámbito académico. O sea que la posibilidad de que haya muchos Andraka es enorme".

Con fuerza de ley

Según Ley de Creación de Repositorios Digitales Institucionales de Acceso Abierto sancionada por el Congreso de la Nación en 2013, toda producción científica financiada total o parcialmente con fondos públicos debe ser compartida en acceso abierto y gratuito.

El modelo de acceso abierto a la producción científico-tecnológica implica que los usuarios pueden, en forma gratuita, leer, descargar, copiar, distribuir, imprimir, buscar o enlazar los textos completos de los artículos científicos, y usarlos con propósitos legítimos ligados a la investigación científica, a la educación o a la gestión de políticas públicas, fundamenta la norma.

Para descargar gratis y leer
Autor: Juan Manuel Navarro
Twitter: <@nifunifack78>
Fuente: <http://www.lavoz.com.ar/>
Publicar un comentario