16 de marzo de 2016

¿Puede perjudicar a la ciencia el exceso de transparencia?

La investigación científica ganó en la última década una mayor transparencia, credibilidad y apertura con la amplia disponibilidad e intercambio de resultados de datos básicos en repositorios, discusión abierta en los medios sociales y la publicación de pre-prints, evaluación por pares pos-publicación, así como el involucramiento de varios sectores de la sociedad en el debate científico. Todo esto es muy positivo y saludable, hasta que su uso se convierte en abuso y los investigadores sufren asedio o incluso enfrenten acciones judiciales por el simple hecho de que sus investigaciones desagradan a las corporaciones, grupos de personas o individuos.

La comunidad científica promovió e incentivó la transparencia en la investigación para frenar la falta de reproducibilidad y la mala conducta científica. La autorregulación de la ciencia permite detectar más rápido y con precisión las fallas metodológicas, resultados fraudulentos y conflictos de interés que pueden afectar la credibilidad del descubrimiento. Sin embargo, también abre margen para reacciones desproporcionadas motivadas por la simple discrepancia de los resultados e incluso amenazas de violencia física y psicológica por grupos opositores, principalmente en temas controvertidos como el cambio climático, organismos genéticamente modificados y la vacunación, entre otros.

Uno de los pilares de la investigación científica es la honestidad e idoneidad de los científicos y de las personas directamente involucradas en esta actividad, como estudiantes y personal técnico. Sin embargo, tratando de probar una hipótesis, los investigadores, conscientes o inconscientemente, pueden introducir sesgos en el trabajo o rechazar ciertos resultados que no se consideren adecuados a su teoría. El escrutinio abusivo e injustificado, sin embargo, no incluye las correcciones de esta naturaleza, que son perfectamente razonables.

Las personas y organizaciones pueden no estar de acuerdo con los descubrimientos científicos irrefutables, como la teoría de la evolución, o el heliocentrismo, por estar en desacuerdo con sus convicciones ideológicas y creencias. Intereses financieros o de otra naturaleza pueden desencadenar reacciones clasificadas como acoso a los investigadores o instituciones, y la comunidad científica debe estar provista de instrumentos para frenar estas prácticas.

Un estudio realizado por Stephan Lewandowsky [1], profesor de psicología cognitiva en la Universidad de Bristol, y Dorothy Bishop, profesora de neuropsicología del desarrollo en la Universidad de Oxford, ambos en el Reino Unido, presenta diferentes formas de acoso de validación de la ciencia y sugiere acciones para frenar el primero, sobre la base de un simposio sobre la fiabilidad de la ciencia realizado en 2015 en el Welcome Trust en Londres, que presentamos a continuación.

La línea que separa el sano debate del acoso puede ser tenue. Sin embargo, hay signos claros que deben ser observados tanto en el investigador cuyo trabajo es objeto de controversia, como de la parte que contiende. Están en juego el área de especialidad: la existencia de conflictos de interés; la credibilidad de la publicación; la presencia de errores previos y su gravedad; el equilibrio entre evidencias erróneas y los contra argumentos; resultados previamente publicados en el tema; la transparencia en el suministro de los datos; antecedentes; comportamiento anterior frente a críticas; comportamiento frente a los requisitos de la ley de acceso a la información.

En la opinión de Lewandowsky y Bishop, la solicitud de más datos sobre la investigación se puede hacer en algunas situaciones para dar la impresión de que se omitieron datos importantes. Por otra parte, la solicitud de información que ya está ampliamente disponible en Internet constituye una indicación de acoso orquestado por opositores. Por ejemplo, la industria del tabaco de Estados Unidos apoyó la creación de leyes para aumentar la disponibilidad de resultados de investigación sobre el trabajo para retrasar o impedir la adopción de políticas públicas basadas en evidencias. A su vez, la Comisión de Ciencia, Espacio y Tecnología del Congreso de los Estados Unidos, crítico de larga data de los trabajos de cambio climático, intimó a los expertos en este tema para proporcionar datos que estaban originalmente disponibles en línea.

No deben considerarse como abusivas todas las peticiones, sin embargo, y no se debe obstaculizar el suministro de los datos de investigación y el debate de los resultados dentro y fuera de la comunidad académica. Hay casos en que, en nombre de la confidencialidad de los participantes de ensayos clínicos, por ejemplo, o por otros motivos, la totalidad de los datos no pueden compartirse. Los científicos simplemente deben explicar el por qué. El pre-registro de la metodología y el plan de trabajo de un estudio es una forma de evitar el sesgo. De la misma manera que se exigen a los investigadores evidencias de su credibilidad, lo mismo debe ser demandado al autor de las críticas. Por esta razón, todos los que participan en la revisión post publicación deben identificarse y las correcciones menores y aclaraciones post publicación no deberían utilizarse para estigmatizar a los investigadores. La publicación científica debe ser encarada como un “documento vivo” y parte del progreso de la ciencia. En caso de bloqueo, sin embargo, el asunto puede ser mediado mediante un arbitraje independiente.

Las redes sociales juegan un papel regulador de la ciencia al facilitar el intercambio de artículos a medida que se van publicando, e incentiva el comentario de pares, como ocurrió con la controversia al artículo de Science [2] que informaba que una bacteria podría sobrevivir en un medio sin fósforo, sustituyendo el arsénico en las biomoléculas. La comunidad científica refutó rápidamente la teoría mediante comentarios online [3] hasta que los experimentos de otros probaron definitivamente lo contrario. Por otra parte, las redes sociales ofrecen una vía para comentarios maliciosos o que tienen sesgo, que los investigadores se sienten obligados a responder. Sin embargo, tales comentarios y críticas deberían ser ignorados, y las universidades, instituciones de investigación, revistas y sociedades científicas tienen el deber de orientarlos y apoyarlos. La amplia difusión del acoso puede ser la solución, como afirman los autores del estudio “las revistas e instituciones pueden publicar amenazas de litigio y usar la luz del día como desinfectante”.

Un acoso en línea de este tipo, llamado “trolling”, ocurrió en agosto de 2015 [4] cuando un bibliotecario autor de un blog calificó el programa SciELO como “la favela de publicaciones”, en cambio las editoriales de revistas por suscripción serían los “buenos vecinos” en publicación científica. Su autor, Jeffrey Beall, es notorio por mantener una lista online de editoriales depredadoras y por sus comentarios tendenciosos y con prejuicios sobre el acceso abierto. Su ataque fue inmediatamente refutado [5] por editores, investigadores y sociedades científicas de reconocido prestigio en todo el mundo, como SPARC [6], que no sólo reconocen el carácter innovador y el éxito del programa sino que lo consideran un ejemplo a seguir en todo el mundo.

La Ley de Acceso a la Información (Freedom of Information Act) trajo innegables contribuciones a la transparencia de las instituciones, y las solicitudes realizadas en su nombre pueden revelar conflicto de intereses no revelados, por ejemplo, financiamiento de investigación por laboratorio farmacéuticos. Sin embargo, la solicitud de información también puede ser usada como forma de acoso. Una decisión de la Comisión de Información del Reino Unido en 2013, aseguró los derechos de los investigadores contra la divulgación de material o datos incompletos y documentos en proceso de redacción. Se exceptúan, sin embargo, la información de financiamiento de la investigación, la que debe ser plenamente disponible bajo demanda, independiente de su valor.

La retractación, reservada a la constatación de mala conducta científica o errores graves es un instrumento público para comunicar que el artículo en cuestión fue alterado sustancialmente, o incluso cancelado. Sin embargo, ha habido una demanda creciente de retractación por personas que no están de acuerdo con la conclusión de un artículo. Un caso notorio fue el de la Liga Nacional de Fútbol Americano [7], que solicitó la retractación de un artículo que afirmaba que las lesiones cerebrales graves en un jugador fallecido habían sido causadas por las repetidas conmociones cerebrales (la conclusión había sido confirmada por otros estudios). Las solicitudes de retractación de este tipo no deberían ser atendidas y las revistas y sociedades científicas podrían hacerlas públicas como medida de protección. Además, las instituciones de investigación pueden apoyar públicamente y ofrecer orientación a sus miembros en caso de acoso, especialmente en áreas de investigación de naturaleza controversial.

En Brasil y América Latina los casos de acoso a investigadores son poco conocidos, al menos públicamente. Investigadores de varios países sufrieron persecución política en la presencia de regímenes autoritarios y varios fueron exiliados o se exiliaron, sin embargo esto no constituye acoso científico. Sin embargo, un caso peculiar ocurrió en Argentina en 2009 con el biólogo molecular de la Universidad de Buenos Aires y afiliado al CONICET Andrés Carrasco. Carrasco, que falleció en 2014, publicó evidencias sobre efectos mutagénicos y teratogénicos del glifosfato [8,9,10], principal componente del herbicida Roundup, fabricado por Montsanto, y sufrió el acoso pesado, inclusive violencia física, orquestado por la multinacional y por profesionales argentinos del agrobusiness. Las agencias de noticias informan que Carrasco no fue el primer científico en sufrir represalias por denunciar los efectos genotóxicos del glifosfato.

La investigación científica hoy día dispone de mayor transparencia, legitimad y credibilidad gracias al open data, pre-prints y pre-registro de la metodología. La comunidad académica debe dedicar una atención similar a la protección de investigadores e instituciones contra ataques, especialmente de los que participan en investigación en temas controvertidos.

Notas

1. LEWANDOWSKY, S. and BISHOP, L. Don’t let transparency damage science. Nature. 2016, vol. 529, nº 7587, pp. 459-461. DOI: 10.1038/529459a. Available from: http://www.nature.com/news/research-integrity-don-t-let-transparency-damage-science-1.19219?WT.mc_id=SFB_NNEWS_1508_RHBox

2. WOLFE-SIMON F.,et al. A bacterium that can grow by using arsenic instead of phosphorus. Science. 2010, vol. 332, pp. 1163–1166. DOI: 10.1126/science.1197258. Available from: http://science.sciencemag.org/content/332/6034/1163.full

3. HAYDEN, E.C. Study challenges existence of arsenic-based life. Nature. 2012. DOI: 10.1038/nature.2012.9861. Available from: http://www.nature.com/news/study-challenges-existence-of-arsenic-based-life-1.9861

4. VELTEROP, J. Los ‘buenos’ barrios cerrados de publicación de Jeffrey Beall. SciELO en Perspectiva. [viewed16 February 2016]. Available from: http://blog.scielo.org/es/2015/08/01/los-buenos-barrios-cerrados-de-publicacion-de-jeffrey-beall/

5. Moción de repudio al ataque clasista del Sr. Jeffrey Beall a SciELO. SciELO en Perspectiva. [viewed16 February 2016]. Available from: http://blog.scielo.org/es/2015/08/03/mocion-de-repudio-al-ataque-clasista-del-sr-jeffrey-beall-a-scielo/

6. ALPERIN, J.P., et al. Acceso Abierto en América Latina: un modelo ejemplar para el resto del mundo [Publicado originalmente en el blog de la SPARC]. SciELO en Perspectiva. [viewed16 February 2016]. Available from: http://blog.scielo.org/es/2015/08/18/acceso-abierto-en-america-latina-un-modelo-ejemplar-para-el-resto-del-mundo-publicado-originalmente-en-el-blog-de-la-sparc/

7. LASKAS, J.M. The Doctor the NFL Tried to Silence. The Wall Street Journal. 2015. Available from: http://www.wsj.com/articles/the-doctor-the-nfl-tried-to-silence-1448399061?mod=WSJ_article_EditorsPicks_3

8. LUDWIG, M. War over Monsando gets ugly. Truthout. [viewed16 February 2016]. Available from: http://truth-out.org/archive/component/k2/item/92751:war-over-monsanto-gets-ugly

9. PAGANELLI, A., et al. Glyphosate-Based Herbicides Produce Teratogenic Effects on Vertebrates by Impairing Retinoic Acid Signaling. Chemical Research in Toxicology. 2010, vol. 23, nº 10, pp. 1586–1595. DOI: 10.1021/tx1001749.

10. CARRASCO, A. Teratogenesis by glyphosate based herbicides and other pesticides. Relationship with the retinoic acid pathway. In: GM-Crop Cultivation – Ecological Effects on a Landscape Scale. Frankfurt.2012. Available from: http://www.gmls.eu/beitraege/113_Carrasco.pdf

Referencias

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Links externos

Ley brasileña de Acceso a la información – <http://www.planalto.gov.br/ccivil_03/_ato2011-2014/2011/lei/l12527.htm>

UK Freedom of Information Act 2000 – <http://www.legislation.gov.uk/uksi/2001/1637/contents/made>

US Freedom of Information Act – <https://www.law.cornell.edu/uscode/text/5/552>

Autor: Lilian Nassi-Calò
Fuente: <http://blog.scielo.org/>
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