5 de agosto de 2015

Publicar en Estados Unidos. El sueño incumplido de los escritores en español

“Las editoriales no consideran rentable las obras de autores de otras lenguas” dijo The New York Times, en un reportaje titulado América bosteza ante las novelas extranjeras.  Esto, obviamente, incluye las españolas y latinoamericanas.

El interés de los escritores de lengua española por ser publicados en inglés, se enfrenta con una tenaz resistencia de los editores en Estados Unidos y en Inglaterra.

Las cifras son tan extremas que cuesta creer que sean ciertas. De los 120.000 títulos nuevos publicados en Estados Unidos cada año, solo 300 son traducciones. Trescientos ¡considerando todos los idiomas y todos los géneros!

En 2014 el total de libros traducidos del español en Estados Unidos, fue de 67 títulos.


Estados Unidos no traduce libros, y los estadounidenses no leen novelas extranjeras

Barbara Epler, editora de la respetada New Directions, que publica algunos escritores españoles y latinoamericanos, cuenta que cuando una gran editorial publica un libro traducido, trata de disimularlo, escondiendo la información en letra pequeña en la página de los textos legales.

Muy de vez en cuando algo rompe con esta regla. Hace cuarenta años fue el llamado boom (básicamente García Márquez), y más recientemente el del chileno Roberto Bolaño, que funcionó a costa de crearle una “historia negra” que lo hizo atractivo, que no habría sido muy agradable para el escritor, si hubiera vivido para verlo.

Estados Unidos –el mercado del libro más grande del mundo— vende a todos sus autores, buenos y malos, a todos los idiomas. El análisis de esta situación –similar en el cine y la televisión— es analizada por la socióloga francesa Pascale Casanova, en La república de las letras: la cuestión de los países centrales y los excéntricos, las lenguas minoritarias, tanto las que desaparecieron como las que van en camino a ello, la circulación de los libros entre un país central y los periféricos.

El contraste entre Estados Unidos y Europa es impactante –escribió Andy Robinson en The New York Times-. “Todos los importantes novelistas estadounidenses son traducidos a los principales idiomas europeos, y algunos como Paul Auster tienen más éxito en Francia y España que en Estados Unidos. En 2012 las editoriales alemanas compraron a Estados Unidos 4.000 títulos, mientras que las editoriales estadounidenses solo contrataron 150 libros de alemanes”

Lo de Paul Auster refleja bien la forma de sentir de los lectores estadounidenses. Así como en Europa y Latinoamérica se lo considera un modelo de la literatura norteamericana actual, en Estados Unidos los lectores dicen que “es demasiado europeo”.

Vender 10 o 15 mil ejemplares no es razón suficiente para seguir publicando a un autor

Hace unos años me lo explicaba un agente de Nueva York, que representaba a algunos escritores latinoamericanos:

“Súbitamente, las cosas en Estados Unidos se están poniendo muy difíciles. No soy capaz de convencer a los editores de que continúen con las segundas novelas de mis autores, de los que han publicado la primera. Todo el mundo está a la caza de best sellers internacionales, y al parecer los grandes grupos han decidido que vender entre diez y quince mil ejemplares no es una razón suficiente para seguir con un autor. Así que adiós al próximo Faulkner de la literatura Americana. De hecho no creo que Gaddis, Vonnegut y demás fueses publicados si apareciera hoy: no serían suficientemente seguros para las ventas que se exigen. Los grandes grupos aquí prefieren buscar best sellers previsibles que tengan todos los ingredientes de las tendencias del momento, el año pasado eran los thrillers históricos, este año es la ficción policíaca, y nadie dejará a un editor que publique un thriller histórico, aunque estuviera contratado, pagado y traducido. En cuanto a tu pregunta concreta, nadie apostará por un novelista que tiene dos libros publicados aquí por los que se pagó mucho dinero pero no tuvieron buenas ventas. Y no se puede maquillar las cifras de venta, porque los editores lo comprueban en el Bookscan de Nielsen al mismo tiempo que están hablando contigo. En la agencia tenemos un número importante de huérfanos a nuestro cargo, autores que tienen novelas nuevas, y que han sido rechazados por su editor habitual. Es muy difícil encontrar una editorial para un autor que ya fue publicado aquí y sus ventas no han sido buenas. Nadie lo querrá tomar.”

La práctica lo demuestra: en los últimos años escritores que antes publicaban en editoriales de primera línea, hoy lo hacen en editoriales universitarias, todas subvencionadas.

“Es un sueño que no se termina de cumplir” escribe Antonio Muñoz Molina en El País (10 marzo 2015).  “Pese al vuelco demográfico de población de origen hispano -50 millones-, se tradujeron el año pasado 67 títulos. La presencia de los autores es mínima y la lengua de prestigio y del ascenso sigue siendo el inglés”.

¿Cuál es el modelo mental, ya no solo literario, que el lector medio estadounidense tiene, y cómo pesan los valores que esa sociedad siente como tan profundamente propios?

Nadie lo explica tan bien como el escritor Horacio Castellanos Moya, salvadoreño residente en Estados Unidos, en un artículo dedicado a analizar la estrategia de marketing que impuso a Bolaño.

La literatura latinoamericana en la imaginación del lector estadounidense

Aunque aclara que “la operación realizada en Estados Unidos no resta mérito a su obra”, Castellanos Moya se rebela contra la manipulación que padeció Bolaño para lograr imponerlo. En un texto publicado en el suplemento ADN de La Nación (Buenos Aires, 19 septiembre 2009), explica las razones del éxito. “Detrás de la construcción del mito Bolaño, no sólo hubo un operativo de marketing editorial sino también una redefinición de la imagen de la cultura y la literatura latinoamericanas que el establishment estadounidense ahora le está vendiendo a su público”.

Aunque hubo intentos, como los movimientos de escritores  McOndo y El Crack, todos fracasaron, porque “era muy difícil vender al lector el mundo de los iPods y de las novelas de espías nazis como una nueva imagen de Latinoamérica y su literatura”.

Cuentos y novelas breves de Bolaño ya se habían publicado con esfuerzo por New Directions, una editorial independiente prestigiosa, pero de difusión modesta. Cuando se estaba negociando la contratación de Los detectives salvajes, hubo quienes considerarin que esta excelente novela era la obra llamada para el recambio, escrita además por un autor que había muerto joven y hacia poco, con lo que todo confluía para facilitar los procedimientos de montaje de la operación. La experiencia personal, ser perseguido y encarcelado por Pinochet, y su muerte prematura, contribuyeron a “producir” la figura de un autor prê a porter para el consumo.

“Al abrir la edición norteamericana de Los detectives salvajes –dice Castellanos Moya-, me encontré con una foto del autor que no conocía. Es el Bolaño posadolescente, con la cabellera larga y el bigotito, la pinta de hippie o del joven contestatario de la época de los infrarealistas, y no el Bolaño que escribió los libros que conocemos”.

“En la mayoría de los artículos sobre Bolaño se hacía énfasis en su juventud tumultuosa, y en especial en una supuesta adicción a las drogas y su súbita muerte… Estos episodios iconoclastas eran demasiado tentadores como para que no fueran convertidos en una tragedia de proporciones míticas. O como decía el titular de unos de esos artículos: ¡Descubran al Kurt Cobain de la literatura latinoamericana!”

“Ningún periodista estadounidense resaltó el hecho de que Los detectives salvajes y la mayor parte de su obra en prosa, fueron escritos cuando éste era un sobrio y reposado hombre de familia”.

“Bolaño aparece ante el lector, incluso antes de que uno abra la primera página de la novela, como una mezcla entre los beats y Rimbaud, con su vida convertida ya en materia de leyenda”

“A Bolaño le hubiera hecho gracia saber que lo llamarían el James Dean, o el Jim Morrison, o el Jack Kerouac de la literatura latinoamericana”

Castellanos Moya concluye que esa faceta contestataria sirvió a la perfección para la construcción del mito en Estados Unidos, de la misma manera que sirvió esa etapa de la vida del Che, la del viaje en motocicleta, y no la del ministro del régimen castrista. “La nueva imagen de lo latinoamericano no es tan nueva, pues, es la vieja mitología del road trip que viene desde Kerouac”.

Tan bien salió este montaje, que cautivó a Oprah Winfrey, la popular conductora de televisión que imponía en ese momento los más exitosos best sellers. Los programas que le dedicó a Bolaño en su “club de lectores”, con una audiencia media de 20 millones de espectadores, lograron explotar hasta el fondo la imagen del pobre joven perdido en la droga, transformado en héroe de la literatura con sus aventuras en Latin America. Imagen que ya no cambiará.

De esta manera, la obra de Bolaño podía ser leída como “un cuento de advertencia moral”: está muy bien ser un rebelde descarado a los diecisiete años, pero si uno no crece y se convierte en una persona adulta, seria y asentada, las consecuencias pueden ser trágicas y patéticas”.

“Es como si Bolaño estuviera confirmando las normas culturales que Estados Unidos promociona como la verdad”.

En síntesis, y para volver a por qué la literatura española y latinoamericana no les interesa a los lectores en Estados Unidos. Lo que caracteriza a la buena literatura es su singularidad, la capacidad de adaptarse a determinados principios que estructuran su modo de entender el mundo. Lo que hizo que la obra de Bolaño funcionara en Estados Unidos, fue justamente su des-latino-americanización. Todo lo contrario de lo que hubiera querido el escritor.

Como dijo The Times: “No puede haber nadie más adecuado para describir el hilarante, casi imposible triunfo de Roberto Bolaño, que el propio Bolaño, lo que es una verdadera pena, porque está muerto”.

Un escritor latinoamericano de mucho prestigio y éxito, me lo dijo claramente: “no nos preocupemos, ellos se lo pierden”

Fuente: <http://elblogdeguillermoschavelzon.wordpress.com/> 
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