7 de agosto de 2016

La ignorancia científica

El proyecto de navegabilidad del río Magdalena, la exploración petrolífera en La Macarena o las vías sobre la ciénaga Grande. ¿Cuántos exabruptos se habrían evitado y evitarían, cuándo dinero no se ahorraría si nuestros políticos y gobernantes tuvieran siquiera una mínima información científica sobre los temas que tratan?

Claro que en esas y otras obras es común que primen intereses particulares y con frecuencia oscuros para desarrollarlos, y que sean ideados y estructurados por personas sin la debida cualificación.

La ciencia no es la panacea ni la respuesta a todo. Es más, avanza a punta de contradicciones, pues lo que una investigación da como probable otra lo descarta, creando confusión entre los ciudadanos y los medios masivos que no advierten el hecho. Esas contradicciones alientan nuevas investigaciones que van esclareciendo el panorama.

Cuando en el mundo abunda la información de toda clase que viaja por la internet, se necesita recoger aquella más cierta para fundamentar el progreso. La ruta alterna sería mantener el sendero de las equivocaciones.

Asit K. Biswas, profesor de la Universidad de Singapur y autoridad en temas de medio ambiente y política del agua, y Julian Kirchlnerr, investigador de Oxford y antes asesor de gobiernos, escribían que es común que altos funcionarios como presidentes, primeros ministros y otros reciban en las mañanas un resumen de lo que publican los medios y de las principales discusiones en redes sociales. Decían que no conocían ningún ministro en el mundo que recibiera de manera regular un resumen de las publicaciones científicas en sus áreas de interés.

Es en estas publicaciones donde está el nuevo conocimiento a pesar de las salvedades expuestas (incluyendo que cada día hay más retractaciones en los artículos científicos). ¿Si no lo conocen, en qué basan sus decisiones?
Un reporte de Naciones Unidas de hace 3 semanas sobre la Agenda del Desarrollo Sostenible a 2030, dice que “entender las bases científicas para la acción” serán básicas para lograr esas metas.

“La ciencia se necesita más que nunca para informar la implementación de la nueva agenda. De hecho, necesita responder a las cuestiones que esta pone”, dijo Wu Hongbo, subsecretario de Asuntos Económicos y Sociales de ONU.

Es obvia la incultura científica de nuestros gobernantes y políticos y grande, bajo esta perspectiva, el atrevimiento de tomar las delicadas decisiones. Por eso meten las patas.

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