31 de enero de 2016

“Una patente debería tener más valor que un artículo científico”

Ingeniero bioquímico egresado del Instituto Tecnológico de la Paz, Héctor Nolasco, realizó su maestría en la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, donde se especializó en el área de microbiología. En la misma institución llevó a cabo su doctorado en ciencias, con especialización en bioquímica y microbiología. A mediados de la década de los ochenta, ingresó como investigador en el Centro de Investigaciones Biológicas del Noreste (Cibnor), un centro Conacyt en La Paz, Baja California.

El especialista se ha enfocado en el estudio de la fisiología digestiva, en modelos crustáceos, camarón y langostinos, así como en peces. La fisiología digestiva, refiere en entrevista, se relaciona con el desarrollo y diseño de alimentos y aditivos para animales, para lo cual han generado técnicas que midan tanto la actividad enzimática así como la digestión de los alimentos. “Con esto buscamos desarrollar herramientas de estudio más prácticas, rápidas y eficientes, aplicables a la propia investigación”.

Como ingeniero, el experto siempre ha buscado aplicar el conocimiento, interés que ha coincidido con el de su institución que impulsa una política de fomento al desarrollo tecnológico, innovación y protección industrial. “Además de continuar con el mandato federal y que el Conacyt nos establece, debemos dar utilidad al conocimiento  y aplicarlo en el desarrollo de productos, procesos o servicios tecnológicos útiles para la sociedad”.

INCENTIVAR. Nolasco ha generado diversas patentes dentro de su área de investigación, sin embargo reconoce que no es un camino sencillo para los científicos interesados en llevarlo a cabo, si bien porque no tienen capacitación, e incluso en ocasiones apoyo para realizarlo, porque administrativa y estructuralmente apenas se ha comenzado a incentivar su práctica.

El año pasado se llevaron a cabo reformas a la Ley de Ciencia y Tecnología para quitar trabas administrativas a los científicos de centros federales de investigación que realizan actividades de emprendurismo y vinculación directa con el sector productivo. No obstante, para Nolasco, si bien el área está en proceso, no se hace a la velocidad requerida, “porque debemos reconocer que el desarrollo tecnológico del país se ha estancado”. Añade que en la última década, el país no ha escalado en su nivel global de competitividad, del que ha cayó de manera constante desde el año 2000. “Se han hecho esfuerzos, las instituciones y los investigadores cada vez buscan nuevas formas para revertir esa situación, pero las políticas gubernamentales requieren un fortalecimiento para acelerar estos procesos”.

Una de las herramientas para aumentar la competitividad, dice, es mejorar el desarrollo de una economía basada en el conocimiento. Un parámetro para medir esto es la generación de patentes y propiedad industrial, que podrían generarse de manera exitosa desde las universidades y centros de investigación. No obstante, el trabajo de los científicos se mide en buena medida en el número de publicaciones científicas que generan y no en la cantidad de patentes que puedan lograr —las cuales requieren además procesos administrativos más lentos—.

“Los que hemos dedicado tiempo a la generación de patentes podemos referir diversas experiencias, desde que no se reconoce el trabajo tecnológico ni propiedad industrial con ponderación, hasta que se ‘castigue’ a los científicos que dejan de producir artículos científicos por realizar éste otro tipo de actividades”.

El bioquímico explica que ello se debe a que si una investigación tiene posibilidades de tener una protección industrial, el investigador debe tomar una decisión: “o publico mis resultados para tener un artículo científico, el cual sea reconocido por mi institución o en el SNI (Sistema Nacional de Investigadores); o no, y trabajo en la redacción en una propuesta de protección industrial, que someteré al IMPI (Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual) y que tardará años…”.
En algunas instituciones la decisión es difícil, señala, porque la presión es muy fuerte para que los resultados se publiquen, ya que son referentes de productividad que las mismas instituciones les evalúan.

“En el SNI los comités evaluadores subvalúan el desarrollo tecnológico y patentes, cuando que deberían fomentarlos entre los investigadores. En ocasiones una patente debería tener más valor que un artículo científico, por su naturaleza misma, por los tiempos y procesos que invierten, pero también por su potencial impacto para el país y su economía”.

Autor: Héctor Nolasco Soria
Email: <hnolasco04@cibnor.mx>
Fuente: <http://www.cronica.com.mx/>
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